La presencia de un portero en una comunidad de propietarios suele ser una ventaja en términos de limpieza, seguridad y comodidad. Sin embargo, la relación con el personal del edificio no siempre es buena.
Durante la venta de un piso, puede ocurrir que el portero pase de ser una ayuda a convertirse en un verdadero obstáculo, adoptando comportamientos inadecuados que pueden perjudicar las negociaciones o ahuyentar a posibles compradores.
¿Cuáles son las situaciones más habituales, qué riesgos existen y cómo puede proteger sus intereses el propietario?
Los comportamientos inadecuados más habituales
Durante la venta de una vivienda, las conductas problemáticas más frecuentes por parte del portero incluyen:
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Comentarios inoportunos y cotilleos (información no solicitada):
Abordar a los posibles compradores en la entrada y hacer comentarios no solicitados sobre el edificio, los vecinos o la vivienda, como por ejemplo: «Ah, ¿quieren comprar ese piso? Hace un par de años hubo un problema de filtraciones…» o «Los propietarios tienen prisa por vender…»
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Información incorrecta sobre los gastos de comunidad o mantenimiento:
Facilitar cifras erróneas o exagerar los gastos de mantenimiento del edificio, desanimando a los posibles compradores.
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Falta de colaboración o retención de llaves:
Negarse a facilitar el acceso a profesionales para realizar inspecciones, como técnicos, arquitectos o tasadores bancarios, o mostrar una actitud poco amable hacia el agente inmobiliario y los visitantes.
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Intromisión en la privacidad y curiosidad excesiva:
Interrogar constantemente a los visitantes en el portal o hacer preguntas indiscretas sobre su situación económica o los motivos de la venta.
¿Qué riesgos corre el vendedor?
Un portero que no respeta los límites de sus funciones puede provocar consecuencias concretas:
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Pérdida de valor del inmueble: La información incorrecta o incompleta puede generar dudas innecesarias y llevar a los compradores a presentar ofertas más bajas.
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Pérdida de posibles compradores: Una bienvenida desagradable o un ambiente incómodo en la entrada del edificio puede hacer que un interesado desista antes incluso de visitar la vivienda.
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Vulneración de la privacidad: La venta de una vivienda es un asunto privado entre el vendedor, el comprador y, cuando corresponda, la agencia inmobiliaria.
¿Qué establece el contrato laboral y cuáles son los límites del portero?
Es importante recordar que el portero es un empleado de la comunidad de propietarios y trabaja al servicio de todos los propietarios, incluido aquel que está vendiendo su vivienda. El convenio colectivo aplicable y las obligaciones laborales establecen deberes de confidencialidad, conducta profesional y respeto hacia los residentes.
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No tiene funciones de intermediación inmobiliaria: El portero no es un agente inmobiliario ni está autorizado a proporcionar información comercial, tasaciones u opiniones sobre la vivienda en nombre del vendedor.
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Deber de confidencialidad: El portero debe respetar la privacidad de los residentes y abstenerse de divulgar información privada o relativa a sus operaciones inmobiliarias.
5 consejos prácticos para gestionar la situación
Si observa que el portero está dificultando la venta de su vivienda, estas son las medidas que puede tomar con firmeza y profesionalidad:
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Mantener una conversación directa y educada:
Hable con el portero en privado y de manera formal. Explíquele claramente que toda la información sobre la venta será gestionada exclusivamente por usted o por su agencia inmobiliaria, y pídale que se limite a sus funciones.
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Contar con la intervención del agente inmobiliario:
Un agente inmobiliario experimentado sabe cómo gestionar el primer contacto en la entrada del edificio. Acompaña personalmente a los posibles compradores y evita que permanezcan solos en el portal o reciban comentarios que no vienen al caso.
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Presentar una queja por escrito al administrador de la comunidad:
Si el comportamiento inadecuado continúa, presente una reclamación por escrito al administrador de la comunidad, describiendo los hechos de forma objetiva e indicando las fechas, horas y circunstancias. El administrador podrá examinar la situación y adoptar las medidas oportunas conforme a las obligaciones laborales del empleado.
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Comprobar que la información sea correcta:
Asegúrese de que la documentación de su vivienda esté completa y sea transparente, incluidos los documentos urbanísticos y catastrales y los justificantes de los gastos de comunidad emitidos por el administrador. De este modo, podrá aclarar rápidamente cualquier rumor infundado o información engañosa.
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Medidas disciplinarias formales en casos graves:
Si el comportamiento del portero provoca un perjuicio demostrable, como la pérdida documentada de una oferta de compra, el administrador de la comunidad o los representantes del empleador competentes podrán valorar la adopción de medidas disciplinarias formales, de acuerdo con la legislación y las normas laborales aplicables.
En conclusión
La venta de una vivienda es un paso importante y delicado. Ningún factor externo, ni siquiera el comportamiento entrometido de un empleado del edificio, debería poner en peligro innecesariamente el éxito de la operación.
Contar con profesionales inmobiliarios significa también disponer de alguien que sabe gestionar con discreción las relaciones dentro de una comunidad de propietarios, protegiendo la privacidad y la tranquilidad de la operación desde la primera visita hasta la firma ante notario.
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