Cada rincón de Sicilia guarda un secreto, un relato que se transmite de generación en generación y que hunde sus raíces en el azul profundo de nuestro mar.
Si hay una leyenda que más que ninguna otra encarna el vínculo visceral entre los sicilianos y el mar, esa es la historia de Nicola, para todos Colapesce.
Un muchacho nacido para el agua
Originario de Mesina, Nicola era un joven fuera de lo común. Más que un chico de tierra firme, parecía una criatura marina: pasaba días enteros nadando en el estrecho, desafiando las corrientes más fuertes, sumergiéndose en los abismos en busca de tesoros sumergidos y sacando a flote corales, conchas y noticias de lo que ocurría allá abajo. Lo llamaban Colapesce precisamente porque casi ya no sabía vivir fuera del agua.
Su fama llegó pronto a los oídos del rey de Sicilia, Federico II de Suabia, quien, curioso (y quizás un poco escéptico), decidió ponerlo a prueba.
El desafío de los abismos
El Rey arrojó al mar una copa de oro en un punto muy profundo del estrecho, y Colapesce, sin vacilar, se zambulló para recuperarla. Poco después subió triunfante, mostrando la copa.
El Rey, no contento, quiso arriesgar más y lanzó una corona real a un abismo aún más profundo y peligroso. También esta vez, Nicola se la devolvió al soberano.
Pero la prueba decisiva aún estaba por llegar. El rey Federico quiso saber qué se ocultaba en las profundidades extremas del mar y arrojó su valioso anillo en un remolino espantoso.
Colapesce se sumergió, pero pasaron las horas y no se volvió a saber nada de él. El rey y los presentes esperaron largamente en la orilla, tristes y resignados, pensando que el joven se había perdido para siempre.
El secreto de Sicilia
Pero Colapesce no había muerto. Había bajado tanto que descubrió el secreto que sostiene a toda la isla: Sicilia se apoyaba en tres grandes columnas (o rocas), y una de ellas, corroída por el tiempo y el fuego del Etna, se había roto, amenazando con hacer zozobrar la tierra.
Con un acto de inmenso valor y amor por su tierra, Colapesce decidió no volver a subir jamás. Se quedó allí abajo, apoyó los hombros en la columna rota y decidió sostenerla con su fuerza, impidiendo que Sicilia se hundiera.
Se cuenta que, todavía hoy, cuando hay un fuerte temporal o un pequeño terremoto, es porque Colapesce está cansado y, moviéndose de un hombro al otro para encontrar alivio, hace temblar la tierra.
Un vínculo que perdura en el tiempo
La historia de Colapesce no es solo un cuento fantástico. Es una metáfora potentísima de nuestra tierra: habla de sacrificio, de raíces, de un amor tan grande por el propio territorio como para decidir custodiarlo en silencio, día tras día, desde lo profundo.
Y es un poco lo que sentimos también nosotros cuando pensamos en nuestras casas, en nuestras costas y en las maravillas de Sicilia: lugares que no son solo espacios físicos, sino cofres de historias antiquísimas que siguen viviendo gracias a quienes los habitan y protegen.
📍 Feliz jueves de historias y leyendas de parte de Domus Sicilia Immobiliare.
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